Un fuego de chimenea es un incendio dentro del conducto: la creosota acumulada en las paredes prende y arde a temperaturas muy altas. No es un problema raro: según los Bomberos de Navarra, casi uno de cada cuatro incendios en viviendas empieza en una chimenea.
Cómo reconocerlo
- Un rugido fuerte en el conducto, como un tren o un avión.
- Crepitar y chasquidos dentro del tubo.
- Humo denso y oscuro, por arriba o dentro de casa.
- Chispas o llamas saliendo por la salida del tejado.
- El tubo de la estufa al rojo o muy caliente.
- Un olor intenso y diferente al del humo normal.
Qué hacer
- Llama al 112 en cuanto lo notes, aunque parezca que se apaga solo.
- Cierra la entrada de aire: la puerta y el regulador de la estufa, o la trampilla de la chimenea si la tiene.
- No eches agua al hogar ni al tubo caliente: el vapor y el cambio brusco de temperatura pueden romper el conducto.
- Aparta lo que pueda arder cerca de la chimenea y del tubo, si puedes hacerlo sin riesgo.
- Sal de casa con todos y espera a los bomberos fuera.
Después del fuego
No vuelvas a encender la chimenea hasta revisarla. Un fuego de creosota puede agrietar el conducto, soltar piezas o dañar las juntas, y esas grietas no se ven desde abajo. Una inspección con cámara te dice si se puede volver a usar.
Cómo evitarlo
- Limpia el conducto al menos una vez al año. Lo explicamos en cada cuánto limpiar la chimenea.
- Quema leña seca y no ahogues el fuego.
- No quemes mucho papel, cartón o ramas finas de golpe.
- Deja unos dos metros libres de muebles, alfombras y ropa alrededor del fuego.
- Pon un detector de humo en la casa.
- No dejes la chimenea encendida al irte a dormir ni al salir de casa.
