Al quemar leña, no todo se convierte en llama. Parte del humo se enfría al subir por el conducto y se pega a sus paredes. Eso es lo que quitamos cuando limpiamos una chimenea, y no todo es igual.
El hollín
Es un polvo negro y seco, de carbón sin quemar. Mancha mucho pero es lo más fácil de quitar: sale con el escobillón.
La creosota
Es una mezcla de alquitrán, vapor de agua y restos de la combustión que se condensa en las paredes frías del conducto. Es pegajosa, huele fuerte y, lo más importante, arde.
Los tres grados de creosota
- Primer grado: una capa de polvo oscuro, sobre todo hollín. Sale con un escobillón normal.
- Segundo grado: escamas negras, brillantes y más duras. Estrechan el paso del humo y cuestan más de quitar.
- Tercer grado: una capa brillante, como alquitrán vitrificado. Con el calor puede ablandarse y gotear, es muy difícil de quitar y es la más peligrosa.
Pasar del primer grado al tercero es cuestión de leña húmeda, fuego ahogado y años sin limpiar.
Por qué arde
La creosota prende a temperaturas que un tubo de estufa alcanza sin problema: según la asociación británica HETAS, puede inflamarse a partir de unos 230 °C. Basta una chispa, una llamarada de papel o una carga grande de leña muy seca para encenderla. Cuando eso pasa, el conducto entero arde por dentro: es el fuego de chimenea.
Qué la hace crecer
- Leña húmeda o recién cortada.
- Fuego lento, con el aire casi cerrado.
- Conductos fríos, por fuera de la casa o sin aislar, o demasiado anchos para el aparato.
- Mucho tiempo sin limpiar.
Cómo reducirla
- Quema leña seca, con menos de un 20 % de humedad. Te lo explicamos en qué leña quemar.
- Deja que el fuego respire: mejor cargas pequeñas con el aire abierto.
- Limpia el conducto al menos una vez al año. Si ya hay creosota dura, una inspección con cámara ayuda a ver cuánta hay y dónde.
